El artículo 438, resumen

El artículo 438 (1921) es una novela en la que la feminista española Carmen de Burgos se lanza a plasmar cuidadosamente la deplorable situación en la que vivían las mujeres españolas de la época, a causa de la subyacente imposibilidad para disolver el matrimonio. Estas mujeres, si tenían problemas con sus esposos, debían quedarse eternamente a vivir con ellos y aceptar resignadamente su destino. Si los esposos las engañaban, si los esposos las maltrataban, no podían divorciarse de ellos y mucho menos podrían imaginar rehacer su vida con algún otro hombre. A este respecto, el sistema legal y jurídico español contaba con un artículo en su código penal a través del cual los hombres podrían ser exonerados en caso de dar muerte a sus esposas si estas los engañaban. En dicho caso, la pena máxima que el hombre recibiría sería destierro y no perdería ni uno solo de sus privilegios civiles, ni de sus bienes ni, mucho menos, su prestigio al haber cometido tal ilícito. El hombre quedaría incólume de cometer ese crimen. Esto por supuesto incomodó a muchas feministas de la época y, concretamente, sublevó a la feminista española Carmen de Burgos quien se dedicaría a trabajar activamente en contra de ese artículo y en pro de una ley del divorcio. Entre las muchas expresiones de carácter intelectual que la feminista instrumentó para oponerse a esa ley, estuvieron los diferentes ensayos que escribió a la largo de su vida, como es el caso del afamado ensayo, El divorcio en España, en el que combatió frontalmente contra la inexistencia de una ley del divorcio y en pro de la libertad de las mujeres, sin embargo, como quizá con ninguno otro de sus productos culturales, la novela que en esta ocasión comentamos se yergue como una de las producciones más radicales a través de las cuales es posible comprender la injusticia que implicaba la situación jurídica mencionada sin entrar en intríngulis jurídicos demasiado elaborados.

Es decir, por un lado, la inexistencia de una ley del divorcio y, por el otro, la existencia de artículo 438 del código penal español.

Así que, para que esta situación fuera comprensible para todos, la periodista española se dedicó a minuciosamente escribir una novela que, como nos cuenta Anja Louis en su ensayo correspondiente, fuera clara y distinta en cuanto al absurdo que significaba esta situación para las mujeres.

Grosso modo, a fin de resumir, me limitaré a decir que la novela cuenta la historia de María de las Angustias, una mujer de familia rica que se casa con el hombre inadecuado y quien, cuando sus progenitores ya no están junto a ella para administrar sus bienes, tienen que sucumbir a los chantajes del marido quien constantemente le sacaba dinero para irse a parrandear pues esta era la única manera que ella tenía para comprar su libertad. Precisamente debido a cómo estaba configurado el sistema legal español, aun cuando María de las Angustias estuviera en plena posición de sus bienes, no podía administrarlos sin el permiso de su marido debido a que era una mujer casada. Es decir, si Angustias hubiera sido una mujer soltera y sus padres hubiesen muerto, ella no habría tenido que depender de su esposo para controlar sus bienes, sino que, simple y sencillamente, habría dispuesto de ellos.

En este punto, cabe preguntarse si el artículo 438 era una ley creada para defender la hombría de los hombres o si, más bien, era un incentivo para disuadir a las mujeres del matrimonio. La verdad es que, al pensarlo, resulta paradójico que las mujeres, a pesar de eso, aceptaran casarse. Sobre todo, aquellas mujeres que poseían bienes verdaderos y cuantiosos.

El punto es que, regresando a la trama, María de las Angustias se había casado con un hombre de la peor ralea posible y no podía hacer casi nada para remediarlo.. Pero como su vida era tan miserable y tan vacía y ella una mujer joven y hermosa —en la melodramatización que hace la escritora de este personaje —, resulta que María de las Angustias conoce al hombre ideal, se enamora de él y una vez que consolidan una relación de varios años el esposo vuelve de Londres y la asesina. Asesinato que a instancia del artículo 438 nunca es vengado.

Es decir, Angustias muere impunemente y el marido todavía, al final, se queda con los bienes de su esposa, se queda con la niña y se queda con el prestigio que solía tener un hombre de su estilo.

Por supuesto, estoy haciendo una reducción de la novela y, por supuesto, lo que presenta la autora es un caso extremo de la aplicación de esa ley, pero, en cualquier caso, lo que muestra la escritora es que cuando una ley es escrita con injusticia, como ocurre en el caso del artículo comentado, de una u otra manera, invariablemente, la injusticia encuentra su cauce.

Esta es, pues, la temática de esta increíble historia y es, sin lugar a dudas valioso, el poder contar con la historia que Carmen de Burgos confeccionó ya que esto nos permite entender cómo era la vida de las mujeres en España a principios del siglo XX.

Para finalizar, comparto este pequeño fragmento en donde la periodista española medita sobre la cuestión:

“El divorcio es un signo de progreso y está admitido en la mayoría de los países. El divorcio es conveniente á la sociedad y á la moral. Hay religiones que aceptan ó que rechazan el divorcio y esto sólo depende de la conciencia del individuo, sin que interese al legislador. De nuestro plebiscito resulta que la opinión en España es favorable al divorcio, y es indudable que se establecerá entre nosotros como conquista de la civilización.” COLOMBINE

de Burgos, Carmen. El divorcio en España (Spanish Edition) (p. 129). Biblioteca Nacional de España. Kindle Edition.

Y estos dos fragmentos:

(Son cartas que le enviaban sus lectores a su columna periodística en donde se discutía la cuestión del divorcio.)

“El matrimonio es, quizás, el único camino de relativa felicidad que existe en la tierra. Las ventajas de ese estado, ¿quién, si las conoce, dejará de ensalzarlas? Tener siempre á nuestro lado un entendimiento que nos comprenda, un corazón que lata al unísono del nuestro, un amigo desinteresado que participe de nuestras alegías ó que en las Loras de dolor llore con nosotros; hacer de dos vidas una sola vida; luchar juntos en la edad del vigor y de la fuerza; descansar, juntos también, cuando llega la vejez; dormir luego para siempre bajo la misma losa y á la sombra de la misma cruz…”

de Burgos, Carmen. El divorcio en España (Spanish Edition) (p. 78). Biblioteca Nacional de España. Kindle Edition.

“Tampoco estoy conforme con otro parrafito que dice Farinata, que la mujer no puede ser feliz con otro hombre después de haber anulado su matrimonio con el padre de sus hijos. ¿Y por qué? ¡Si desde el momento que se separa de su esposo deja de sufrir! ¿Por qué, si son buenos hijos y en su madre no ven una conducta censurable, la han de despreciar? ¿Y por qué ha de creer la humanidad que con el divorcio encubre hipócritamente la mujer sus vicios? ¿Por qué se ha de censurar que una esposa infeliz desee y haga lo posible por romper cuando pueda el lazo que la une al hombre causa de todos sus infortunios?”

de Burgos, Carmen. El divorcio en España (Spanish Edition) (p. 100). Biblioteca Nacional de España. Kindle Edition.

Esbozos para un posible ensayo sobre Las Manos de Mamá de Nellie Campobello

En las siguientes líneas se presenta un esbozo para lo que podría ser un ensayo sobre Las Manos de Mamá de la escritora mexicana Nellie Campobello. El esbozo es incompleto y requiere de mayor trabajo por parte de la autora.

En primer lugar, el contenido de este posible ensayo.

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La obra plástica de Chidinma Nnoli

Aquí hay un resumen del trabajo de la pintora.

Estas son sus imágenes:

Clair-obscur

Construyo mi realidad, cada minuto, cada segundo. Soy artífice de mis fantasías y artesana de mis desazones. Amanece, me pregunto qué sentido tendrá que yo siga respirando y hasta qué punto puede mi conciencia seguir soportando la carga de mis cavilaciones. Transcurre el día, la luz solar que desde temprano baña a las plantas de la sala me insta a pensar que tal vez hay un sentido en todo esto, que ya más bien me convendría adherirme a la creencia de un sentido metafísico y así renunciar a la penuria, a la soledad de saber cuánto accidente somos, cuán transitorios, efímeros, no trascendentes. Yo he renunciado a Dios hace muchísimo tiempo; quizá él haya renunciado a mí primero. Despersonalizarme es una palabrita que encontré en un libro que no he podido concluir (llevo casi dos años intentando leerle). El libro me ha parecido una repetición de otras historias –mil veces mejor contadas- que, en su momento, me infligieran de fuertes sacudidas. Hay dos, tres libros en mi vida que definen la esencia de lo que yo sería después, de mi carácter. Siempre estoy a la espera de otro gran libro, de otra gran historia, de un conjunto magno de palabras que vuelvan a arrobarme, a devolverme el hálito perdido. Quijotilla soy y siempre. Es en el pensamiento, en las palabras, en las ideas en donde siento. Pero decía que hallé esta palabra –la de despersonalizarse-, la de cesar de pensar en mí misma, la de no pensar más sobre mis propios pensamientos y entregarme a la actividad de pensar en los otros, en el afuera. Todo lo que distingue a mi especie es todo lo que odio de ella. Podría decirse que criaturas como yo están destinadas a perecer al no lograr la adaptación. Una definición de inteligencia –no sé por qué me pesa tanto- que recuerdo de mis clases de “Inteligencia artificial” dice: inteligencia es la capacidad de adaptarse al medio. Poseo la suficiente cordura para comprender que es uno quien va proyectando las líneas de su propio zigzaguear, pero también advierto que, en conjunto, se pierde la sincronía porque ya no es una voluntad –sino la unión de varias- intentando marcar el trazo, la nueva singladura, recorrido que a todos habrá de trastocar. Y si hasta hace poco me había confortado con aceptar la gradualidad con que las cosas pueden mejorar –me he reconocido pacifista-, al hacerlo, siempre estuve consciente del costo en vidas, en dolor ajeno, en sufrimiento que tal gradualidad acarrearía; mas me decía -dicotómica: o gradualidad y cambio u otros derroteros y nada. Porque la gradualidad implica pensamiento, pero otros derroteros –si se conciben desde la visceralidad y la estupidez- poco harán para precipitar el cambio. Pero mientras todo ocurre –aunque, en realidad, está ocurriendo ya (no quiero conjurar el cambio a un happy ending siempre a asirse, siempre en el horizonte, siempre como acicate)-, se pueden ganar muchas cosas y perderse otras. Y ¿qué nos garantiza que, al final, el saldo sea positivo y logremos nuestro propósito?, ¿qué nos lo garantiza si -como creo- evolucionar es retroceder?  

Si el dolor, la defección, la mentira, el ultrajar, el destruir es constitutivo de nuestra especie, ¿por qué nos afanamos en lo contrario?, ¿por qué vamos contra natura pretendiendo que con nuestro “pensamiento”, con nuestro “razonar” habremos de subvertir el fluir de nuestro carácter?, ¿y si mejor nos entregamos a la barbarie, a nuestra brutedad y –desaforados- terminamos de asestarnos el último golpe? Todo apunta a la destrucción, al cese. Si es con la razón, terminamos en la aridez, exangües, demasiado “correctos”. Si es con el corazón, devoramos otros o entregamos en sacrificio el nuestro. Y la unión de pensamiento y sentimiento, esa gran simbiosis del ser, ¿en quién existe?, ¿cómo dosificarla?

Tal vez en mí la saciedad llega pronto, tal vez la esperanza en mí es apenas una simiente que comienza a crecer, tal vez me falten convicciones, tal vez mudo de ideas como de calcetas, PERO, sí quiero decir que haría lo que fuera ahora, lo que sea, por ver sufrir a menos personas, por fotografiar más sonrisas con mi memoria, por ver desaparecer la amargura en varios ejemplares de mi especie, por abrazar a quien quiera que se sienta solo y decirle que eso no ha sido nunca cierto.

Diapasón somos de este gran mecanismo autodestructivo. Somos la causa de nuestro cese. Podríamos comenzar a reconstruirnos y no pensar más en que estamos predeterminados por algún destino siniestro o por la herencia o por la historia, sino que somos -cada uno- un yo incondicionado, contingente, susceptible -segundo a segundo- al remozamiento.  

No habrá modo de franquear la frontera que te separa de mí, pero debes saber que detrás de mi muralla estoy yo (anti-mantra).

Disolución

Hoy, como tal vez nunca, me impele el deseo de la disolución. Disolverme en el mar y equipararme a la espuma de las olas. Disolverme en el viento hasta lograr fundirme con el polvo de la hojarasca. Disolverme para luego reintegrarme –en alguna forma- con alguna entidad ideal. Que se disuelvan mis manos, mi rostro, mi cabello, mis pies, mi voz. Disolverme como cuando se integran los colores en alguna mezcla de óleo que terminará por dar forma a algún cuadro de tema elegíaco. Disolverme, lenta, agónicamente, como para no tener que recordar más mi existencia corpórea. Disolverme y en mi disolución ser dueña y señora de mis pensamientos, de la conciencia de mi disolución. Disolverme y que la estela que quede a mi paso quede impregnada, sí, de mí, pero no un mí manifiesto y contundente; sino un mí, ligero, suave, apenas perceptible…

Disolverme, diluirme, desintegrarme, descomponerme, desensamblarme, desarticularme, dislocarme, desunirme, desincorporarme, disgregarme.

¿Qué puede llevarme a tal cavilación?

¿La ensoñación por la ubicuidad? Tal vez, pero sólo para observar sin ser vista.

¿La fe en un yo metafísico? No, fe no. Pero sí dilección por lo fantástico.

¿Un yo peregrino que se resiste a anclarse a una sola vida? De la reencarnación sólo encuentro posible el romanticismo que entraña.

¿El hastío por el hoy? Un poco en parte.

¿El deseo de permanecer? Pero no yo en el mundo, sino el mundo en mí.

¿La agudización de mi fase no maníaca?

La disolución como seña irrefutable de mi deseo de volar, de ansiar diluir aquello inasible abstracto que se me presenta como fenómeno impregnado de mi subjetivismo.

Pero, mejor, disolución sin finalidad, huérfana de teleología.

¿Es Cartucho de Nellie Campobello un texto feminista?

Me parece que este texto no es feminista por dos razones: 1) Es un accidente que Nellie Campobello haya nacido mujer y 2) No tiene por intención centrarse en la valentía o la audacia de algún género en específico, sino en los dramas de la revolución.

Sus protagonistas principales son Pancho Villa, la Madre de la niña, los revolucionarios, sean estos hombres o sean mujeres, los actos de crueldad que la niña retrata con total naturalidad, los soldados y combatientes mismos, la participación de la madre en la lucha revolucionaria y, muy específicamente, la lucha villista y la reivindicación del villismo.

La novela trata, nos guste o nos disguste, del villismo y de los hombres que participaron en la gesta revolucionaria, de “hombres a caballo con muchas cartucheras, rifles, ametralladoras”, o de “hombres verdaderos y valientes” que están en las trincheras. También habla de las pugnas que se dieron entre los villistas y los carrancistas en su lucha por el poder y tiene como misión particular retratar la gratuidad de la violencia y las formas crueles e inmisericordes en que morían los soldados.

Tal vez para algunas personas la revolución mexicana sea una guerra que surge por generación espontánea entre unos hombres brutos y estúpidos que pelean entre sí, por el mero afán de matarse. Sin embargo, precisamente textos como del de Nellie Campobello y la novela de la revolución en general demuestran que ocurre justamente lo contrario. Es decir, que hay una causa y que una revolución no es una forma de la violencia, sino resultante directa de esta. La revolución no es la violencia, la revolución es la manifestación de una causa previa que la antecedió. Y esto lo demuestra claramente el texto de Nellie Campobello.

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Temática transversal

No lo he dicho, pero los dos temas transversales a este blog son, por un lado, la temática en general de las mujeres, es decir, la idea de ir publicando solo y exclusivamente, o, más bien, con preeminencia, textos y creaciones de la mente de una mujer y, por el otro, el tema de la locura y de la enfermedad mental en el desarrollo de la estructura de personalidad y el carácter de una fémina y cómo se despliegan dichos elementos en un texto literario.

Ahora bien, como puede apreciarse, desde que publiqué mi primer post, esta temática estaba ya en latencia —es decir, la idea de ir publicando trabajos de mujeres que sufrieran de estos padecimientos— y de allí que decidiera dedicar un post a Francesca Woodman y Kate Millet, dos mujeres, artistas e intelectuales que batallaron a lo largo de su vida con enfermedad mental y en cuyas obras es visible dicha singularidad del carácter.

Sofonisba Anguissola, Self-portrait at the Easel Painting a Devotional Panel, 1556.