Josefina Vázquez y la educación nacionalista en México

Hay obras sociales que se realizan y tienen grandes repercusiones en nuestro entorno, a veces, los hombres, o las personas, tendemos a olvidar esos actos y nos regodeamos en nuestra indumentaria personal, cargados de subjetividades y prejuicios, sin reconocer los enormes y decisivos logros de los pequeños hombres. Es el caso de la educación en México, su carácter nacional, laico, integral, cuyos primeros esbozos los habría de dibujar Justo Sierra en su ley de educación de 1905. Esbozos, por supuesto, para la educación moderna en México o educación contemporánea.

Es increíble entender lo adelantado que estaban en esos tiempos, con respecto a nuestra época, en lo tocante a la educación. Lo digo a juzgar por lo que leo sobre la época. La educación no solo se veía como un medio para instruir de forma mecánica a las personas, como robots, era, también, una forma de prepararlas para la vida y concientizarlas sobre el entorno, desaletargarlas, enseñarles la rudeza y las realidades de vivir en sociedad, tornarlos más proactivos y participativos. Por ejemplo, de acuerdo con Josefina Vázquez, durante la enseñanza elemental, entre las muchas materias que se impartían, como lengua nacional y aritmética, tenían por propósito enseñar también “conocimientos elementales intuitivos de las cosas”.

No sé a qué exactamente se refería con estos conocimientos intuitivos, podrían ser desde formulaciones básicas de las leyes físicas y químicas que hasta entonces se tenían por inamovibles, por ejemplo, hasta cosas muchas más mundanas, y tal vez, mucho más útiles, como, por ejemplo, cómo desempeñarse en sociedad, cómo conseguir un trabajo, cómo interactuar con el chico o la chica del sexo opuesto, etcétera, etcétera. En fin, cosas que podrían resultar altamente útiles para una sociedad que, en general, se presentaba como muy hermética y poco abierta a discutir públicamente cosas tan elementales como, por ejemplo, la menstruación.

En este sentido, celebro sobremanera que se haya contado con esos pequeños hombres, tal vez inmortales, quienes tuvieron la suficiente clarividencia y la real preocupación genuina por la educación en México, como para implementar programas que catapultarían a nuestro país a/o para salir del impasse y repartir equitativamente educación para todos, que era, además, gratuita. Un proyecto que vendría a continuar e impulsar José Vasconcelos después. Es por esta razón, además, que celebro a Josefina Vázquez, quien, a través de sus investigaciones arduas y su trabajo historiográfico, nos permite entender el origen de nuestras sociedades y el desarrollo de nuestras naciones. Es a ella a quien dedico esta entrada, pues al hablar de los pequeños hombres en forma genérica, sin sesgo de género, me refiero también a las pequeñas mujeres.

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