Reflexionando en voz alta mis propias posiciones feministas

A raíz de la clase pasada, estuve reflexionando acerca del feminismo y del hecho que yo misma no sea feminista, así que, a continuación, comparto un poco de dichas cavilaciones:

Pienso que la razón principal para no serlo es porque no veo que el feminismo ofrezca alternativas reales para la opresión de las mujeres, por un lado, y, por el otro, porque creo que, en verdad, el feminismo ofrece vías de alienación que fortalecen la cultura patriarcal de la que tanto hablan. Aunque el patriarcal lo pongo entre comillas, ya que como he explicado me parece que este es un término impreciso.

Por otra parte, entiendo que el feminismo pegue más fuerte en lugares como Estados Unidos que en lugares como México. Esto se debe a dos hechos sencillos, materialmente nosotros estamos más oprimidos que ellos. Pero ideológicamente, los estadounidenses lo están más que nosotros. De esta manera, algo tan simple y racional como el feminismo, en los grupos conservadores les puede llegar a parecer algo extremadamente diabólico. Mientras que, a nosotros, los mexicanos, que conocemos la pobreza material y, por ende, conocemos más de cerca los medios de alienación, se nos haga algo tan light. Y tan poco radical. Exceptuando, claro, a las clases medias mexicanas, quienes suscriben el tema y combaten en él fervientemente.

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Disolución

Hoy, como tal vez nunca, me impele el deseo de la disolución. Disolverme en el mar y equipararme a la espuma de las olas. Disolverme en el viento hasta lograr fundirme con el polvo de la hojarasca. Disolverme para luego reintegrarme –en alguna forma- con alguna entidad ideal. Que se disuelvan mis manos, mi rostro, mi cabello, mis pies, mi voz. Disolverme como cuando se integran los colores en alguna mezcla de óleo que terminará por dar forma a algún cuadro de tema elegíaco. Disolverme, lenta, agónicamente, como para no tener que recordar más mi existencia corpórea. Disolverme y en mi disolución ser dueña y señora de mis pensamientos, de la conciencia de mi disolución. Disolverme y que la estela que quede a mi paso quede impregnada, sí, de mí, pero no un mí manifiesto y contundente; sino un mí, ligero, suave, apenas perceptible…

Disolverme, diluirme, desintegrarme, descomponerme, desensamblarme, desarticularme, dislocarme, desunirme, desincorporarme, disgregarme.

¿Qué puede llevarme a tal cavilación?

¿La ensoñación por la ubicuidad? Tal vez, pero sólo para observar sin ser vista.

¿La fe en un yo metafísico? No, fe no. Pero sí dilección por lo fantástico.

¿Un yo peregrino que se resiste a anclarse a una sola vida? De la reencarnación sólo encuentro posible el romanticismo que entraña.

¿El hastío por el hoy? Un poco en parte.

¿El deseo de permanecer? Pero no yo en el mundo, sino el mundo en mí.

¿La agudización de mi fase no maníaca?

La disolución como seña irrefutable de mi deseo de volar, de ansiar diluir aquello inasible abstracto que se me presenta como fenómeno impregnado de mi subjetivismo.

Pero, mejor, disolución sin finalidad, huérfana de teleología.

Adenda al post anterior sobre Nellie Campobello

En el post pasado hablé acerca de la moral considerada desde un punto de vista axiológico. El término puede parecer redundante o gratuito. Sin embargo, el mismo tiene una función precisa en el ámbito de la teoría de los valores y es usado con diversos fines; para una mejor comprensión del mismo, me permito remitir al Nicola Abbagnano de filosofía.

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AUTOCRATISMO

Quiero hablar de números, algoritmos, lenguajes y cálculos formales; de espacios geométricos exóticos y de teoremas. Quiero que a todos los chiquillos les obliguen a leer Kant, Gödel, a construir sistemas axiomáticos, a tomar decisiones vía el frío cálculo de probabilidades y la teoría de los juegos. Que el mundo se convierta en una sucesión de estados predictibles y construir el árbol binario de posibilidades para cada estado posible actual. Luego, elegir una posibilidad cualquiera, cuya ocurrencia quedaría supeditada al vano y siempre azaroso perímetro de su error. 

¡¡Sí!!

18 de agosto de 2012. 
Accesible en su primer publicación desde éste enlace.

¿Es Cartucho de Nellie Campobello un texto feminista?

Me parece que este texto no es feminista por dos razones: 1) Es un accidente que Nellie Campobello haya nacido mujer y 2) No tiene por intención centrarse en la valentía o la audacia de algún género en específico, sino en los dramas de la revolución.

Sus protagonistas principales son Pancho Villa, la Madre de la niña, los revolucionarios, sean estos hombres o sean mujeres, los actos de crueldad que la niña retrata con total naturalidad, los soldados y combatientes mismos, la participación de la madre en la lucha revolucionaria y, muy específicamente, la lucha villista y la reivindicación del villismo.

La novela trata, nos guste o nos disguste, del villismo y de los hombres que participaron en la gesta revolucionaria, de “hombres a caballo con muchas cartucheras, rifles, ametralladoras”, o de “hombres verdaderos y valientes” que están en las trincheras. También habla de las pugnas que se dieron entre los villistas y los carrancistas en su lucha por el poder y tiene como misión particular retratar la gratuidad de la violencia y las formas crueles e inmisericordes en que morían los soldados.

Tal vez para algunas personas la revolución mexicana sea una guerra que surge por generación espontánea entre unos hombres brutos y estúpidos que pelean entre sí, por el mero afán de matarse. Sin embargo, precisamente textos como del de Nellie Campobello y la novela de la revolución en general demuestran que ocurre justamente lo contrario. Es decir, que hay una causa y que una revolución no es una forma de la violencia, sino resultante directa de esta. La revolución no es la violencia, la revolución es la manifestación de una causa previa que la antecedió. Y esto lo demuestra claramente el texto de Nellie Campobello.

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